Y seguiremos

caminar

Y de pronto el camino se suaviza, y no hiere el sentir el suelo bajo nuestros pies, y parece que el caminar se hace más ligero y un nuevo aliento nos impulsa a continuar.

De vez en cuando Dios nos regala momentos para la esperanza, para levantar de nuevo la mirada y dejar que Sus Maravillas nos atrapen, y queramos seguir aportando nuestro granito de arena en ese océano de Amor para construir un mundo más habitable.

Da igual si es en España, en Etiopía o en la India…, si es en un pequeño pueblo o en una gran ciudad…da igual si está nublado o si luce el sol más radiante…siempre hace falta Amor, sean cuales sean las circunstancias.

Así que aquí seguiremos, compartiendo camino, vida, ilusiones y derrotas, luchas y anhelos. Aquí seguiremos caminando descalzos por esta vida apasionante que cada día se nos regala.

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Acompañarnos en la distancia

Y es que a pesar de los miles de kilómetros que puedan separar a las personas, a veces se establece un vínculo de amor que no es más que ese vínculo de fraternidad, que nos hace a todos una gran familia que habita esta casa que es nuestro mundo. Y la distancia se supera con el calor de unas pocas palabras enviadas por email o WhatsApp que nos hacen sentir muy cerca del corazón de aquel que está allá, en otro continente.

Y es que es así como me siento de cercana a las hermanas misioneras combonianas que me acogieron en Etiopía, y también a las hermanas marianitas con las que hemos iniciado un proyecto de colaboración. Ellas nos han pedido que les tendamos una mano  para seguir con su labor, y a la vez que nos comparten su experiencia, su andadura, su cariño, se preocupan por nosotros, cuando son ellas las que se encuentran en un país en conflicto. No dejan de escribirnos, pedir por nosotros, agradecernos…y hacerse cercanas dándonos lo que son desde la más preciosa sencillez.

Desde Cáritas Diocesana de Jaén hemos apoyado el proyecto de construcción de una fuente de agua en el poblado de Hordambalta, a unas 3 horas de camino a pie desde Gatema, en la foto podemos ver la llegada de un grupo de mujeres a dicha aldea.

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Y también con las hermanas combonianas hemos colaborado dando soporte económico a cursos de formación sobre diversos temas, como resolución de conflictos, derechos humanos, justicia y paz, convivencia de las parejas, primeros auxilios, prevención de enfermedades transmisibles y otros. En estos cursos, impartidos simultáneamente en distintas aldeas, han participado un total de 1002 personas, siendo 767 mujeres y 235 hombres. Aquí os dejo algunas fotos de las jornadas de formación:

 

Además, las hermanas marianitias también nos han pedido ayuda para poder continuar este curso en el Centro de Educación preescolar Santa María, al que asisten unos 150 niños de entre 3 y 7 años y a los que, además de educación y material escolar, se les da el desayuno para mejorar y completar su deficitaria alimentación. El coste del funcionamiento del centro durante un año asciende a unos 13 mil euros, de los que ya contamos con unos 6.000 aproximadamente. Desde Cáritas Diocesana de Jaén se hace partícipes a todos los que quieran colaborar en este proyecto, pudiendo hacer su donativo en cualquiera de las siguientes cuentas bancarias:

Cajasur: ES46 0237 4863 2091 5043 0630

MBN Caja de Granada: ES16 0487 3149 0420 0001 5428

Unicaja: ES89 2103 1210 5230 0020 2486

Caja Rural: ES84 3067 0100 2611 4720 0628

Indicar en el concepto “Donativo Etiopía”.

Estas son algunas fotos que nos han enviado de la guardería. Os puedo decir que ya han recibido los primeros 6000 euros y están felices de poder seguir una año más con el centro abierto, no dejan de darnos gracias. Y lo bueno es que a la vez están buscando la manera de autogestionarse, que sea la comunidad y los propios padres los que continúen con la tarea, aunque son familias muy pobres y esto no se conseguirá tan rápido como quisieran.

De antemano os doy las gracias por vuestra colaboración.

 

No dejar de caminar

Hace unas semanas os decía llena de ilusión que preparaba  mi retorno a Etiopía, y aunque ya debería estar allí, finalmente el viaje se ha cancelado por problemas de seguridad. 

Cuando llegué allí en febrero se sentía la tensión en el ambiente, y las carreteras que llevaban a Nekemte no eran seguras, aunque finalmente el día de nuestro viaje por la región oromo no tuvimos ningún incidente, sí se podían  ver los restos de barricadas a los lados de la carretera y la fuerte presencia de policía federal armada. Durante el tiempo que estuve en Getema hubo muertos todas las semanas en las poblaciones cercanas, y a partir de las cuatro de la tarde los conductores de ambulancias no querían correr el riesgo de salir a la carretera para trasladar a alguien porque ya habían incendiado tres de ellas con el enfermo dentro, en esa sinrazón que enfrenta a hermanos ante la sangrienta represión del gobierno. Todo esto no trascendía en los medios porque, de hecho las conexiones a través de Internet estaban restringidas en toda la región, así como el acceso al redes sociales. La gente de allí me decía que era cosa del gobierno, pero nadie sabía nada con certeza.

El mes pasado el gobierno de la nación reconoció que había cortado las comunicaciones vía Internet en todo el país debido a las protestas estudiantiles. En las últimas semanas ha habido un recrudecimiento de los enfrentamientos en la zona, por lo que la semana pasada Cáritas Española decidió cancelar mi viaje al no poder garantizar mi seguridad en el terreno. A continuación os dejo dos enlaces de noticias que completan más la información sobre la situación actual del país.

http://www.europapress.es/internacional/noticia-sangrienta-represion-etiopia-argumento-favor-justicia-internacional-20160820091550.html
http://www.abc.es/internacional/abci-menos-104-muertos-etiopia-despues-nuevas-protestas-contra-gobierno-201608081844_noticia.html
La verdad es que la ilusión dio paso a la tristeza, en primer lugar por las injusticias que sufre la población de Etiopía,  como en tantos otros países del mundo. También tristeza por no poder compartir ni siquiera unas semanas con esa comunidad que me acogió, y aportar mi mínimo granito de arena por mejorar algo sus condiciones de salud. Y, como no, dolor por no poder abrazar y despedirme de esas cinco magníficas mujeres que me abrieron su hogar, que me cuidaron como madres cuando estaba enferma, a las que admiro por su inmensa generosidad y cómo me han mostrado hasta qué punto llega la entrega de un misionero por amor a Dios en los hermanos.

Al fin se cierra este capítulo de mi vida como nunca pensamos cuando comenzamos a caminar, ha sido un camino lleno  de obstáculos y que en ocasiones se me ha hecho duro de vivir. Pero que he vivido en toda su intensidad, en mis momentos de debilidad y de fortaleza, con sus luces y sus sombras, y sobre todo con Amor. Todo esto, aunque no ha sido como esperaba, ha marcado mi vida y mi modo de mirar al mundo. Siempre habrá lugar en mi corazón para ese país de tierra roja y gentes luchadoras, con su rica cultura ancestral, al que espero poder retornar alguna vez.

Hoy soy mucho más consciente de la universalidad de la Iglesia, y de la necesidad que hay de que tomemos conciencia de que debemos cuidar nuestra casa común, como nos dice el Papa Francisco en su encíclica “Laudato Si”. Nada de lo que ocurre en este mundo nos es ajeno, y sigo convencida de que lo bueno también se contagia.

Ahora tengo que seguir caminando, me quedo con la frase que preside el centro de salud de Guteabacuna, donde estuve colaborando con las misioneras, está escrito en inglés y en lengua oromo:

” Reflejar el amor de Cristo y la compasión por los pobres, los enfermos, los niños, las madres. Proporcionando unos cuidados de salud justos, accesibles y de calidad, en las comunidades en las que trabajamos” ( para los que no entiendan muy bien el concepto de “compasión ” no se trata de sentir lástima o repartir beneficencia barata, sino que es “padecer con el que sufre”, poner el corazón en el otro). Deseo que esto me acompañe en mi vida profesional, ojalá sepa estar al servicio de los que vaya encontrando en mi camino.

La música del silencio

Cuando era estudiante de Medicina, siempre tenía algunas frases en mi carpeta que me estimulaban e inspiraban mi vida, hay una que en los últimos meses ha rescatado mi memoria hasta mi realidad actual: “Deja en su sitio los silencios de la vida para que surja la música de tus profundidades”.

Creo que el silencio es lo que ha marcado más profundamente este tiempo, silencio que me ha hecho incapaz de escribir, silencio ante todas las cuestiones que me he planteado, silencio ante los miedos y la incertidumbre, silencio en el corazón…silencio que ha veces se ha hecho doloroso, pero que como fruto ha dado música que hoy anima mi caminar.

El 28 de marzo escribía lo que no era un punto y final, sino una inflexión del camino, pero no era consciente de hasta qué punto el camino iba a dar un giro. Y es cierto que mi salud, en este momento, no me permite volver por un tiempo prolongado a Etiopía, pero también es cierto que surgen nuevos caminos y posibilidades.

Durante estos meses de incertidumbre sobre mi futuro inmediato, de no saber si podría volver a completar el proyecto que iniciamos, no he dejado de sentir el deseo de hacer algo más por aliviar el dolor de tantos hermanos que claman por la injusticia que sufren en tantos lugares del mundo. Cada día nos llegan noticias desoladoras de guerra, atentados, hambre, sed, terremotos, injusticia social, cambio climático, naufragios de personas que huyen de la muerte segura lanzándose a los brazos de una muerte más que probable…de un mundo que quiere levantar muros, separarse de sus vecinos, crear distancias, que mira para otro lado cuando lo que ve le duele en las entrañas…cuando al final, a pesar de nuestra inconsciencia todos navegamos en el mismo barco, todos somos responsables y todos sufrimos, de una u otra manera, las consecuencias de vivir creyéndonos el centro del universo, nuestro universo particular. Y en medio de todo eso, cada día preguntarme dónde está mi lugar en este proyecto de luchar por un mundo más humano y justo, donde haya espacio para todos los miembros de esta gran familia humana, en nuestra casa común.

Y tras el silencio de las luchas interiores, siempre vence el Amor, y la respuesta correcta siempre es el Amor: Ante las dificultades, amar más; ante los miedos, amar más; ante el egoísmo, amar más; ante el deseo de evadir responsabilidades, amar más; ante la impotencia, amar más. Lo único verdaderamente importante es poner Amor en cada acción de nuestro día. Pero también, y no menos importante, dejarse amar, llenarse de amor, para poder dar amor.

Ahora os puedo contar que, si Dios quiere,  voy a hacer un viaje corto, de menos de un mes, a Etiopía. Tengo que ir a recoger mis cosas que dejé allí, y de paso aprovechar para compartir unos días con esa comunidad que me acogió de forma tan extraordinaria. La comunidad de combonianas nos ha pedido ayuda para financiar la construcción de una fuente en una aldea de la zona, y para dar un ciclo de formación a unas 300 personas sobre diversos temas. Y se van a apoyar ambos proyectos desde Cáritas Diocesana de Jaén, gracias a la generosidad de personas que han colaborado. Además, me han pedido ayuda para impartir los temas de educación para salud de esos cursos, que se van a celebrar durante las semanas que voy a estar allí. Así que espero que, aunque corta, mi estancia sea muy provechosa. Y, si las circunstancias me lo permiten, os compartiré por aquí lo que vayamos haciendo.

Y después…a seguir haciendo camino, construyendo…amando…y sobre todo dejando que sea Dios quien guíe mis pasos a donde Él quiera llevarme.

Y como empezaba hablando de música, hoy os comparto dos canciones que hablan mucho de lo que estoy viviendo, con el deseo de que a vosotros también os acaricien un poco el alma. La primera, por ese tiempo de dejarme hacer, de sentirme frágil y pobre, sin nada que ofrecer, que ha sido una experiencia fuerte este tiempo. Y la segunda de mi querido cuñado Jesús Cabello que habla de fe y confianza en el amor del Padre.

 

 

Dejarse hacer

Pues sí, creí que me había levantado  después de que la enfermedad llamó a mi puerta, pero lo cierto es que las cosas se me han ido complicando, y necesito que me valore un especialista en España, y no es nada grave, gracias al Dios, pero sí algo que me está imposibilitando hacer mi trabajo aquí y una vida normal. Así que hoy, mientras paso las horas hasta  coger mi vuelo esta noche, he decidido escribir, y no porque me guste hablar de mi cuerpo que anda un poco defectuosillo últimamente, sino que una vez que decidí descalzarme e invitaros a caminar conmigo, corría este riesgo, sin saberlo, de compartiros un poco lo que mi alma descalza está viviendo.

Y es ahora, cuando todos esperáis historias bonitas de cooperación, de abrir los ojos a este mundo al que en nuestro occidente vivimos tan ajenos, cuando sé que deseáis otra imagen espectacular de África y lo hermoso de la tarea que estoy realizando… cuando yo vengo a contar que mi salud ha perdido esta batalla, que la mayor parte del tiempo que he estado aquí la he dedicado a luchar por mantener mi mente y mi cuerpo en equilibrio, por vencer a las dificultades, resistiéndome a aceptar que debía abandonar el campo por un tiempo para volver con fuerzas renovadas.

Siento no ofreceros lo que deseábais.

En nuestra sociedad no está bien visto el fracaso, nos cuesta aceptar las frustraciones, y aumentamos hasta el infinito nuestro sufrimiento al no aceptar que la vida es como es, que a veces tiene giros inesperados que nos desarman, que te golpea cuando y donde menos te lo esperas, llevándote a veces hasta el límite de tus fuerzas.

Pero sí, hoy, con el corazón en paz, y el alma esperanzada, os cuento que he aceptado mi debilidad, mi frustración y mi derrota, ya está. Esta es mi África personal, esta es la Etiopía que está dejando su marca en mí. Pero es tan maravilloso cuando algo en tu interior se rompe porque necesita seguir creciendo! A pesar del dolor que provoca esa ruptura…como la semilla que debe romperse para germinar y dar fruto…

Todo esto me ha servido para comprender mejor cómo cualquier cosa en lugares como este se hace un mundo, cómo todo son complicaciones y dificultades. He pensado mucho en si para mí las cosas eran tan difíciles cuánto más para todos los que viven condiciones muchísimo peores diario. A pesar de los malabarismos que hemos hecho para intentar un tratamiento efectivo para mi, yo siempre he sido una privilegiada, y lo soy ahora pudiendo buscar ayuda fuera. A la vez, he podido comprobar cómo las gentes de aquí aguantan infinitamente más de lo que nosotros podemos soportar, y es normal, porque desde que nacen, crecen con las cabras y pollos, aprenden a cargar y a trabajar desde muy pequeñitos, y su sistema inmune tiene que funcionar a marchas forzadas desde que sus ojos ven la luz. Es paradójico, pero sus frágiles cuerpos son más fuertes que el mío que en apariencia es robusto.

También he pensado en todos los migrantes y desplazados en nuestro mundo desarrollado, que enferman por el simple hecho de salir de su entorno, dejar sus alimentos habituales, sus costumbres, pasar frío, vivir en la calle…entonces, allí nosotros somos los fuertes, pero cuánto nos cuesta comprender la debilidad ajena!

Pero esto no es un punto final, aunque  ya no me atrevo a hacer planes, la idea es recuperarme y volver aqui, ya sí, al 100% de mis fuerzas, a seguir con la tarea empezada, si Dios lo quiere.

Ahora me toca seguir dejándome hacer por “el de arriba”…

Getema

Os voy a acercar un poco al lugar donde vivo, Getema, una pequeña población a 30 km al sur de Nekemte, población por llamarlo de alguna manera, porque apenas se ven algunas casas a ambos lados de la carretera.

Es una zona de suaves lomas que entre sus ondulaciones albergan pequeños bosquecillos  de eucaliptos, y por aquí y allá otros árboles que no conozco, alguna jacaranda,  y de vez en cuando un sicomoro.

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El día que llegué aquí me llamó la atención el cielo gris, cargado de una espesa bruma que impedía ver el horizonte. Al poco comprendí que estamos en temporada seca, y la tierra se muestra sedienta, y el cielo está con frecuencia así…gris. En época de lluvias me dicen que esto es un vergel verde y de caminos intransitables, os lo contaré. Aún así, casi todos los días al atardecer, o ya de noche cerrada cae una tormenta, que apenas llega a mojar el suelo, que cada mañana amanece polvoriento. Tormentas que no son propias de esta época del año, y que son otro efecto más del cambio climático, y del fenómeno del “Niño” que tanto está castigando a estos países del cuerno de África.

Todo el paisaje está salpicado de casitas que se esconden entre la maleza, en lo alto de los montes o en lo profundo de los valles. Me gusta cuando voy caminando y escucho voces, niños jugando, los sonidos propios de los hogares, pero sólo veo árboles, y naturaleza, es otra expresión más de esa forma en que las gentes de aquí viven y conviven con la naturaleza.

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Las viviendas típicas de esta zona son como esa que os muestro que se encuentra al lado de la carretera. Están construidas con palos de madera, los que tienen más dinero las revisten de adobe de barro y paja, y la techumbre es de uralita, y si pueden, empapelan el interior de las paredes con hojas de periódico. El suelo, por supuesto, de tierra.

Esta es una zona de campesinos, trabajan sus pequeñas parcelitas de terreno, donde se encuentra la casa, pero es una agricultura de subsistencia. Sister Teresina me explicaba que hasta ahora la gente producía su propio abono, dejando secar los excrementos del ganado, y dándole tiempo para hacer un buen mantillo, pero desde hace un tiempo eso está prohibido, están obligados a usar fertilizantes químicos, que en la mayoría de los casos no pueden comprar, y los cultivos también se empobrecen. Pregunto por la falta de frutales en las parcelas, siendo esta una tierra donde se dan tan bien, y me contestan por la razón de la mayoría de los problemas: el agua. Es impensable en estos momentos plantear la posibilidad de hacer una canalización de aguas para cultivo, no disponen de recursos, ni asociándose los vecinos. Por lo que también es impensable que ellos accedan a una alimentación más rica y equilibrada, por ahora.

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Las sisters combonianas tienen un surtidor de agua del que se abastecen los vecinos de la zona, cada mañana y tarde acuden para rellenar sus garrafas de 20 o 40 litros que luego cargarán a la espalda las mujeres y niñas, en la mayoría de los casos caminando a lo largo de kilómetros. Agua que es para consumo de la familia, preparar la comida, y lo que les da para algo de higiene.

Algunas familias tienen ganado, por aquí se ven bastantes burros, cabras y vacas, pero estas últimas no son lecheras, sólo para carne, aunque tampoco es que anden muy lustrosas. Y ya sé de dónde procede ese olor que desprenden las gentes de estas tierras etíopes y que cuando estuve en Gambo me desconcertó: aquellas familias que tienen algo de ganado que les da leche, producen su propia mantequilla que aderezan con diversas especias e hierbas. Con esta mantequilla se untan el cuerpo, el cabello, la cara, impregnándose así de su aroma y de este modo hacer saber a sus vecinos que tienen leche, y por tanto no son tan pobres como otros. Me explican que esta es una costumbre que se da sólo entre las clases sociales más pobres.

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Y esa es la casa donde vivo con las hermanas, donde hay también espacio para una oficina de administración, una capilla y lugar para todo aquel que acude pidiendo ayuda.

Es una zona predominantemente ortodoxa, y sólo con dos familias católicas. Hay dos iglesias ortodoxas muy cerca de la misión, y casi todas las madrugadas, a las 3:30h comienzan sus celebraciones que se prolongan hasta más de las 7 de la mañana o las 10 si es festivo, con cánticos continuos que realizan hacia el exterior de los templos, y a los que uno tarda un poquito en acostumbrarse a escuchar en mitad de la noche.

Y hoy os dejo con una foto de nuestra calle, o mejor dicho carretera, de la que pueden disfrutar desde hace dos años escasos. Sister Nives, que es la más veterana en esta misión, me cuenta que cuando llegaron aquí, hace creo que unos 15 años, y empezaron la construcción de la misión, la escuela que está en otra aldea un poco más al sur y el centro de salud, por supuesto no había carretera, pero tampoco ni una sola casa cerca. Esto es el centro del pueblo y donde están las mejores casas.

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Caer y levantarse

Y aquí estoy, después de mi silencio de estas semanas, sé que sois muchos los que os acordáis de mí, y me tenéis presente, deseando saber algo nuevo, me llegan todos vuestros ánimos, oraciones y buenos deseos, a través del blog, y de mi familia, y sólo puedo deciros GRACIAS!! Porque cada palabra de cariño en la lejanía tiene un valor incalculable.

Y mi silencio no ha sido dejadez, porque yo también os tengo muy presentes, pero es que se han puesto de acuerdo todos los factores en mi contra para que pudiera haceros llegar algo.

Hace más de diez días que se han cortado las comunicaciones, me dicen por aquí que cada vez que algo no va bien, tanto algunos canales de televisión como las redes sociales, o la posibilidad de navegar en Internet se cortan… Y así estamos, sin WhatsApp,  ni Facebook, ni Internet,  a ratos funciona el correo electrónico y es el medio que vamos a utilizar para que desde España me puedan publicar lo que yo os quiero contar, porque tampoco puedo subir nada a mi blog desde aquí. Así que mil gracias Jesús por echarme una mano en esto!

Ante estas situaciones es cuando más valoras vivir en un país donde haya libertad de comunicación,  de expresión, libertad para elegir dónde y cómo vivir, libertad para elegir estudiar o no y qué campos del saber quieres explorar, libertad para elegir rezar o no hacerlo sin miedo, sin coacciones. Y a la vez ves lo frágil que es esa libertad, que lo que tenemos en España es fruto del esfuerzo de muchos durante mucho tiempo, pero que es algo que debemos defender y cuidar cada día porque cuando dejas de apreciar lo que tienes es más fácil perderlo…

Y además de eso, desde hace una semana, estoy pasando por horas bajas, con lo que parece tifus y fiebre tifoidea. Empezó con un cuadro de vómitos que yo pensé se solucionaría pronto, pero una vez más, todo es un aprendizaje, y mi mente occidental de pensar en enfermedades banales porque es lo más frecuente, aquí ha dado un giro, porque aquí lo más frecuente suele ser algo complicado…y en verdad que no voy a olvidarlo con mis pacientes. Siempre hay un lado positivo y algo que aprender. Ya estoy mejor, medicándome con dos antibióticos, estoy casi nueva, al menos de espíritu, aunque hoy mis ángeles guardianes, que son las hermanas, tampoco me han permitido ir a trabajar…estoy deseando que mi cuerpo acompañe a mi mente en las ganas de salir fuera de casa y hacer algo…pero ya queda menos!

Y dadas las explicaciones necesarias, y pedidas disculpas por el trastoque de fechas de la anterior entrada, sabed que estoy aquí, contenta, con buen ánimo, y que si a veces me ausento es por causas justificadas.

Os seguiré contando cositas más interesantes en otras entradas, ahora os dejo una puesta de sol preciosa que tuve la suerte de poder captar con mi cámara el otro día desde casa… son algunos de esos regalitos que Dios me va dejando cada día.

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